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Educación financiera: rentabilidad esperada y la regla dorada

calendar 23/12/2020 - 17:51 UTC

Las inversiones en trading y forex así como desde el mercado de renta variable o de acciones incluyendo el mercado de bonos o de renta fija, están sujetas a una medida temporal; y este espacio periódico –a su vez- a una determinada exposición a la volatilidad de cualquier mercado de capitales [en su facetas: mercado monetario, financiero y de valores] que se traduce en riesgo, para finalmente decantar en una utilidad o rentabilidad o beneficio esperado.

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A tono con la premisa anterior se identifican, riesgo y plazo así como rentabilidad potencial.

Definir y conocer a detalle las implicancias de estas tres variables –claves para cualquier tipo de ejercicio por parte de las inversiones- será crítico para la toma de decisión en un entorno volátil de mercados, y –desde luego- amortiguar la posibilidad de elevar el riesgo.

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La regla dorada

Esta norma concede el siguiente espacio dentro de un esquema de decisiones en función a nuestro manejo o gestión de caja y de tesorería –en caso se ejerce la inversión desde una plataforma corporativa o institucional- o en función a un ejercicio desde las finanzas personales, ya sea una familia o persona.

“A mayor plazo, mayor riesgo pero mayor rentabilidad potencial esperada”.

Esta regla se cumple en dirección contraria:

“A menor plazo, menor exposición al riesgo y –por tanto- menores cuotas de rentabilidad esperada o potencial”.

El riesgo para un operador del trading o forex e incluso para un operador del trading de renta variable o renta fija puede ser concebido como una variable de flujo y hasta calculado con cierto margen de maniobra, donde destaca una herramienta –la covarianza de las observaciones de precios y cotizaciones e índices que mide los cuadrados de determinadas series temporales de activos financieros- que permite predecir con cierta trazabilidad la exposición a una volatilidad.

Este instrumento lo puede replicar, con cierta certidumbre, un tesorero o analista de un banco o casa de bolsa o corretaje que incluya entre sus roles u objetivos -como responsable de los ingresos y egresos recurrentes de una compañía- maximizar el excedente de la firma colocando este en el mercado financiero, monetario o de valores.

No obstante, esta instrumentalidad y trazabilidad de datos no necesariamente será materia de responsabilidad de una familia o de un individuo que o no tiene los conocimientos en inversiones y riesgos de mercado o simplemente carece de tiempo.

En este punto es crítico que esta familia o persona –como inversionistas no institucionales- tenga acceso no sólo a una plataforma de inversiones que le permita acceder a un portafolio diversificado, líquido y profundo de activos financieros, materias primas o commodities, índices o divisas; sino, acceder a un conocimiento básico de las inversiones y una buena manera de empezar es saber cómo opera la regla dorada.

El oro y el dólar: un ejemplo

Es conocida la capacidad de generar liquidez del metal noble y su relación con el precio del dólar de los Estados Unidos, destacando en ella una correlación –casi siempre- inversa donde un avance –por lo general- en la cotización del metal noble viene precedida de un recorte en el índice del dólar estadounidense. Ello porque ambos son reserva de valor, y uno cubre al otro: sobre todo porque el oro no devenga interés alguno.

Si como inversionistas podemos exponer nuestro portafolio a un adquisición de oro en US$ 1.800 la onza troy y mantener esta por –digamos- tres meses, veremos que nuestro apetito al riesgo estará en función a nuestra tolerancia de no recibir intereses como compensación; pero apostamos a que al cierre de este trimestre móvil el precio al contado o spot del metal amarillo opere negocios por US$ 1.890 la onza troy.

Ello implica –en simultáneo- que el índice dólar se ubique en el forex con ajustes ante señales de debilidad sobre esta divisa, y siendo una cartera diversificada donde no sólo registramos certificados ETF en oro sino CFD en dólares estadounidenses podremos tolerar esta senda peligrosa de contar con un cruce dólar versus otras monedas en una cesta de divisas a favor de éstas y no del dólar.

En ambos casos, asumimos que el riesgo es relativamente elevado de mantener un apetito de riesgo sobre el oro [en tanto no tengamos un dólar “atractivo”], y ello en un espacio temporal o plazo que confirme nuestra tolerancia al riesgo; y con la esperanza de contar con una rentabilidad, que compense el no devengo de interés del oro, mayor al 5%.

De esta manera la regla dorada en las inversiones podrá otorgarnos una guía de cómo, cuándo y bajo qué circunstancias podemos colocar nuestros excedentes.

Todo ello -evidentemente- desde un portafolio diversificado y líquido.

El dato. Oro cede ante mejor entorno global.

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